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a historia del whisky es de lo más atípica y está repleta de anécdotas curiosas, en la actualidad esta es una bebida alcohólica es conocida y consumida en casi todo el mundo. En cuanto al origen del whisky se dice que el “patrón de Irlanda” San Patricio, llevó a su país un objeto muy útil: el alambique, y con él la técnica de la destilación.
El monje San Patricio les dio la posibilidad a los irlandeses de elaborar por primera vez el

“uisce beata”

Que es como se llamó a este brebaje en su lengua gaélica. A partir de este momento los monjes irlandeses se especializaron en la destilación del whisky o aguardiente de cebada y agua pura. Pronto sus vecinos escoceses aprendieron y se aficionaron al nuevo invento, en el año 1170, los normandos de Enrique II de Inglaterra, duque de Normandía, descubrieron esta bebida que les pareció excelente, debido a que su nombre era muy difícil de pronunciar decidieron cambiarle el nombre a WHISKY, que es una adaptación del sintagma uisce beatha.
A partir del 1494, del monopolio del whisky se apoderó enseguida la Casa Real escocesa. La Corona reguló su elaboración y uso, en 1500 se prohibió su venta a cualquier súbdito, exceptuando a los barberos, que como cirujanos de la época lo empleaban como anestésico. Hasta el siglo XIX, su destilación fue mayoritariamente clandestina; las guerras de religión, las rivalidades nobiliarias, los disturbios dinásticos en Escocia hicieron que el whisky o cebada malteada se fabricara a escondidas, estado que se prolongó hasta 1823 en que un tal John Smith montó una destilería en el valle escocés de Glenlivet.
Desde entonces y hasta nuestros días son numerosas las destilerías que en el mundo elaboran este producto de sabor fuerte e indefinible.